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No sabía cómo, pero notaba que pronto llegaría el momento.
Y año tras año, los miedos crecían.
Hasta hace unos años, todo era fácil, y se sentía con la impunidad que da la juventud y la ingenuidad de la falta de experiencia.
Todo acababa fluyendo y siendo un éxito, y él se sentía una parte más, a la vez que un componente esencial.
Y esto le daba serenidad y felicidad.
Pero cada año las dudas tomaban mayor fuerza.
Se preguntaba si seguiría siendo relevante, ahora que era mayor, y que el entorno había ido avanzando a un ritmo vertiginoso.
- Te veo serio… ¿qué te pasa?
Una voz cercana sonó en la oscuridad, y abrió una rendija de esperanza.
No estaba solo, y esto ya era un salto cuántico.
- Nada… Bueno… pensaba, que ya se acerca.
- ¿Y entonces? ¿No te hace ilusión?
- Sí, bueno, claro…
- Mmmm… va, ¿qué te pasa?
- Pues que no sé si va a ir bien. Me hago mayor, y todo va cambiando… y quizás ahora ya no toca, sabes, quizás ya no tenemos espacio.
- ¿Qué dices, hombre? ¡Claro que tenemos espacio! ¿Qué te hace pensar que no?
- Mira, yo veo que cada año las cosas han cambiado más y más… ¿Y si ya no nos necesitan? ¿Y si con algunos ya hacen, y pasamos al ostracismo del olvido?
- Qué tontería… ¡Déjate contagiar un poco de espíritu positivo, hombre! Claro que las cosas cambian, pero ¿qué te hace pensar que en este nuevo mundo, precisamente, no tienes más que decir que nunca? Quizá sea ahora, que la tecnología lo invade todo, que una mirada serena, clásica si quieres, sea el contraste necesario.
No hubo tiempo para más, puesto que, efectivamente, el momento había llegado.
El ruido de las llaves abriendo la puerta del trastero, y esta vez, enseguida, el temblor provocado por unos brazos que los movían con energía.
Estaban en una caja grande, donde unas bonitas letras con rotulador invocaban "Navidad".
Compartien foscor durant tot l'any amb garlandes, llums apagats, i penjolls per l'arbre.
También estaba allí un gran tió, esperando las mandarinas de cada año, para romperlo en Nochebuena.
Y dentro de una pequeña caja de cartón viejo, ahí estaban ellos.
Una vintena de figuretes que de mica en mica havien construït un equip invencible.
Durant anys, al mercat d'hivern de Santa Llúcia, s'hi havia anat a buscar un reforç.
Los más antiguos eran los del Nacimiento, por supuesto.
Los Reyes, los pajes vinieron después.
El caganer, enseguida, ya se sabe, los catalanes somos así…
La cova, l'àngel, el riu, el pou, van anar formant el paisatge complet.
Ells van venir plegats, i sempre hi havien tingut un lloc.
Él, con la oveja encima, caminando decidido.
Ella, limpiando sin parar, arrodillada junto al río, dejando la ropa inmaculada.
Esperaron, impacientes, su momento, y respiraron liberados cuando una mano tierna los colocó sobre la plataforma que daba forma al pesebre.
Ya estaban allí, y volvían a formar parte.
Este año recuperaron a un viejo amigo, pescador, que por accidente quedó detrás del mueble desde quien sabe cuándo, y les contó mil historias.
I ara una gateta entremaliada els tornava a tirar terra constantment. Ara que no eren els nens al jugar, ni la gossa, era la gateta.
Parte del destino de ser una figura del belén.
Pero, a menudo, por suerte, había una mirada pendiente cerca, que volvía a ponerte en tu sitio, y reprendía a la gata por el desastre…
Y todo era igual, y todo era distinto.
Quizás ahora se veían más árboles por la ventana.
Quizá la vela olía más.
Quizás la música sonaba más limpia.
Quizás la luz era más cálida.
Al voltant, els de sempre, i els que s'hi ha afegit.
También los que nos han dejado y todavía están, ahora más que nunca, que es Navidad.
