Nosotros llevamos la pulsera (Episodio 6)
Tonight, I'm gonna have myself a real good time
I feel alive and the world I'll turn it inside out, yeah
And floating around in ecstasy
So don't stop me now.

- Don't stop me now - Queen

Mariona despertó con la canción de Queen.

Un vistazo rápido a la pulsera: "Todo bien, Mariona, hoy puedes ir a la oficina".
- Hoy haré teletrabajo, CAT-i, -dijo, con una sonrisa.


Estaba impaciente por ver el resumen del día, pero no sería antes del café.
Hacía días que tenía la sensación de que el brote estaba bajo control, y mientras dejaba caer la cápsula en la cafetera, esperó a que su ordenador recuperase el informe que enviaba la CAT-i.

Mariona trabaja en riesgos laborales de una de las principales empresas del país, con una amplia red de puntos de venta, que daba trabajo a miles de personas.
La evolución de absentismo por enfermedad se parecía cada vez más a la gráfica de los años sin pandemia.
Aparte de las nuevas bajas, que no podía saber si eran por cóvid u otras enfermedades, tenía algunas personas más confinadas en casa en teletrabajo. Podían ser candidatos asintomáticos, o personas que debían quedarse en casa por otros motivos, como cuidar de niños o de ancianos.
El informe recomendaba una limpieza más profunda en un par de locales, que habían sido visitados el día anterior por nuevos positivos, pero no era necesario cerrar ningún local.

Había aprendido que no necesitaba más detalles.

Revisó la factura de los gastos que se le repercutirían para garantizar el mantenimiento como zonas seguras de sus puntos de atención al público y sus oficinas. Servía para pagar las analíticas hechas a sus empleados, alojamientos, controles de accesos con pulsera...
Sonrió mientras aceptaba el pago. Lejos quedaban los inicios de la crisis, con los concursos para la contratación de laboratorios privados, a precio de oro, y las luchas por tener equipos de prevención en los puestos de trabajo. Ahora Salut se ocupaba de todo. Más barato, más efectivo. Y la empresa funcionando casi a todo gas.

La evolución global del país, seguía manteniéndose. El informe hablaba de tres nuevos hilos de contagio, ya totalmente analizados, que en sucesivas cadenas de contagio habían afectado a 19 personas en las últimas semanas. En pocos días, la CAT-i era capaz de controlar un nuevo brote, especialmente desde que la penetración de las pulseras había alcanzado niveles cercanos al 90%, a pesar del carácter voluntario.

Recordaba algunas reacciones a los medios de comunicación, al inicio, de personas críticas con el sistema que decían que acababa marcando con letras escarlata a los enfermos, o a quienes no querían colaborar. Pero la escrupulosa distribución de la información que hacía CAT-i generaba cada día más confianza.

Sin duda que la publicación de Anonymous en las redes ayudó:

“Vigilamos que la CAT-i sea discreta y segura. Nos lo demuestra todos los días.

Nosotros llevamos la pulsera. Podéis estar tranquilos”


La difusión masiva de pulseras anónimas, entre los colectivos de mayor exclusión social, había sido decisiva. La CAT-i no disponía de los datos del titular, pero podía informarle si estaba enfermo, permitiéndole el acceso a las zonas seguras de manera anónima, así como el tratamiento integral dentro del sistema de salud.


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