Fuera, el invierno gritaba con energía, abriendo paso a la Navidad, que se acercaba decidida, como un deseo.
Dentro, ella miraba el tablero con la mirada fija en la casilla E6.
Dentro, ella miraba el tablero con la mirada fija en la casilla E6.
La madera pintada de blanco estaba ocupada ahora mismo por una torre negra, cerca del peligro.
Ella sabía, como nadie, que era el momento de decidir, y no valía la pena perder demasiado tiempo más.
Podría haber optado por la variante conservadora, protegiéndose con el peón de alfil en C4. Era lo que le habría recomendado su entrenador, en su trozo de ayer, en la escuela donde aprendían a competir contra oponentes más fuertes.
Le aseguraba las tablas, y también la mediocridad. Pero ahora, era ella la fuerte, y al final, sabía decidir. Cogió el caballo blanco y levantó la mirada, antes de situarlo en E6 y comerse la torre negra. Tenía por delante a todo un campeón engominado, Mateo González.
Seguro cómo estaba de su éxito, él no analizó cuidadosamente el potencial de aquella mujer que tenía delante. La sonrisa que dibujó al ver que ella cogía al caballo sería efímera. Él, incauto, aprovechó el pasillo que le dejaba el caballo para hacer desaparecer a la dama blanca.
Después, los hechos se sucedieron ya en cascada. La partida estaba ya resuelta en la cabeza de ella.
Era un sacrificio necesario, la pérdida de la pobre dama, que le daba a las blancas un espacio de tiempo esencial para rematar la partida.
Tan raro y tan bonito. Ella pensó, suavemente, Blancas juegan y ganan.
Podría haber optado por la variante conservadora, protegiéndose con el peón de alfil en C4. Era lo que le habría recomendado su entrenador, en su trozo de ayer, en la escuela donde aprendían a competir contra oponentes más fuertes.
Le aseguraba las tablas, y también la mediocridad. Pero ahora, era ella la fuerte, y al final, sabía decidir. Cogió el caballo blanco y levantó la mirada, antes de situarlo en E6 y comerse la torre negra. Tenía por delante a todo un campeón engominado, Mateo González.
Seguro cómo estaba de su éxito, él no analizó cuidadosamente el potencial de aquella mujer que tenía delante. La sonrisa que dibujó al ver que ella cogía al caballo sería efímera. Él, incauto, aprovechó el pasillo que le dejaba el caballo para hacer desaparecer a la dama blanca.
Después, los hechos se sucedieron ya en cascada. La partida estaba ya resuelta en la cabeza de ella.
Era un sacrificio necesario, la pérdida de la pobre dama, que le daba a las blancas un espacio de tiempo esencial para rematar la partida.
Tan raro y tan bonito. Ella pensó, suavemente, Blancas juegan y ganan.
Fuera, nubes grises preludio del final negro, medio escondían la luna blanca.
Dentro, sobre el mostrador, cada movimiento negro recibía la respuesta blanca implacable, inmediata.
El tiempo caía y caía, pesado, sobre las negras. Desesperado, el engominado recorría con los ojos el tablero buscando opciones inexistentes.
En cada jugada era más evidente que debería tumbar al rey en señal de rendición, o acabaría expuesto al jaque mate.
Finalmente, cayó.
El rey negro rodaba por el mostrador, tumbado por la sudada mano de Mateo.
Ya fuera, ella giró la cabeza hacia arriba.El cielo de luces le recordaba las noches en el Empordà.
Brilla la noche y lo hace para ti.
Seguro que sí.
Brilla la noche y lo hace para ti.
Seguro que sí.
Para los dispuestos a arriesgar por lo que buscan
Inspiración y banda sonora: "La gent que estimo"
Escúchala en Spotify Oques Grasses – La gent que estimo
- Oques Grasses <3
